Ha costado, pero Darren Aronofsky ya puede presumir de asiento en el Olimpo de los cineastas. El director neoyorkino ha culminado su escalada final con uno de esos personajes perfeccionistas y enfermizos que tanto le gustan. De hecho, las comparaciones de ‘Cisne Negro’ con ‘Pi’, ‘Réquiem Por Un Sueño’ o ‘El Luchador’ son más que evidentes. Parece como si Aronofsky hubiera estado ensayando para no fallar en la coronación de su obra maestra.
Eso sí, cambia el escenario. El cineasta estadounidense se pasa del boxeo y la oscuridad de Brooklyn al mundo del ballet para descubrirnos la vida de Nina, una bailarina obsesionada con la interpretación de las dos caras de una misma moneda. Del bien y del mal. Del cisne blanco y del cisne negro. Natalie Portman le da vida, y ejecuta de forma soberbia una actuación que quedará para el recuerdo. Pero no solo Portman brilla en este largometraje. Aronofsky rescata a la olvidada Winona Ryder para que interprete a una madura y decadente bailarina de ballet desplazada por las más jóvenes. Algo que, curiosamente, guarda un paralelismo con la trayectoria profesional de la actriz. El personaje de Ryder es, definitivamente, un rol dramático y desgarrado que recuerda a la Gloria Swanson de ‘El Crepúsculo de los Dioses’, la magnífica producción del maestro Wilder.
La última del neoyorkino es una película poco habitual. Mezcla de thriller psicológico y drama sexual, retoma la temática de la doble identidad –doppelgänger– para plasmarla en el ballet de ‘El Lago de los Cisnes’ y articular a los personajes entre el dualismo de la oscuridad y la luz. La virginal Nina se esforzará al límite para encontrar el frágil equilibrio que enlaza al cisne blanco con su alter ego negro.
Aronofsky es un experto en construir atmósferas tensas y asfixiantes, y en ‘Cisne Negro’ lo vuelve a demostrar. El astuto director juega con la cámara y los contrastes de luz desde el primer fotograma. Las imágenes se deslizan una tras otra y se unen a la danza coreográfica como si fueran un elemento más. Con todo, no son pocos los que arremeten contra las escenas más exageradas y grotescas de la película y su final casi esperpéntico. Pero es que ese es precisamente el sello del autor. El inconfundible estilo de un director que disfruta poniendo contra las cuerdas al espectador, estremecido desde su butaca.
‘Cisne Negro’ es una película que es muchas películas. Es la locura de ‘Eva al Desnudo’ y la agonía de la ‘Repulsión’ de Polansky. Es la perfección autodestructiva, y toda la trayectoria de Aronofsky fundida en 108 minutos. Es, sencillamente, un largometraje para recordar.
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